No hay gloria en la sed. No hay poesía en la carne abierta por el metal, ni épica en los hombres que piden agua antes de pedir auxilio. La guerra, cuando se despoja de los discursos solemnes, de las medallas y de los despachos lejanos, no es más que polvo, calor y miedo. Un miedo seco y repugnante que se pega a la piel y no se quita jamás. Annual, Igueriben, Monte Arruit. No son solo nombres en los libros de historia o banderas marcadas en un mapa que nadie supo dibujar a tiempo. Fueron lugares donde miles de hombres soldados de reemplazo, campesinos arrancados de sus tierras, oficiales atrapados en órdenes imposibles descubrieron de golpe la verdad más amarga de la contienda: que en el abismo no hay distinciones, y que el abandono pesa más que el fuego enemigo. Este libro no busca juzgar con la comodidad que otorga el tiempo desde el presente, ni levantar estatuas de bronce a quienes no las pidieron. Es, sencillamente, un acto de memoria. Un homenaje a todos y cada uno de los que perdieron su vida en aquellas colinas peladas; a los que cayeron luchando en un desfiladero sin salida, a los que cayeron por pura sed, y a los que se quedaron sin tumba y sin nombre bajo el sol inclemente de África. A los que cayeron en la tierra dura. A los que esperaron un rescate que nunca llegó. Y a los que sobrevivieron llevando para siempre el infierno grabado en los ojos que estan en esta pagina sean sus recuero .



