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lunes, 15 de diciembre de 2025

 La lluvia caía con violencia sobre las estrechas calles de Arcos de la Frontera, golpeando los tejados encalados y arrastrando hojas secas por los empedrados. La ciudad, habitualmente tranquila y apacible, parecía contener la respiración, como si supiera que algo terrible estaba por ocurrir. En lo alto de la sierra, entre miradores y almenas, una figura encapuchada observaba la villa. Sus ojos brillaban con un fulgor inquietante; sus manos temblaban ligeramente al sostener un sobre que contenía secretos capaces de cambiar el destino de España. Dentro, documentos, pruebas y nombres escritos con tinta negra que señalaban traición, asesinato y ambición desmedida. Nadie en el pueblo sospechaba que, entre sus calles empedradas y casas blancas, se desarrollaba un juego de poder que alcanzaba los más altos niveles del gobierno. Que alguien estaba dispuesto a vender la paz por armas, manipular la historia y empujar al país a la guerra por interés propio. Que la codicia podía ocultarse tras la sonrisa de un político influyente, o la calma de un ciudadano aparentemente inocente. El viento agitó la capa de la figura, llevando consigo un aroma metálico, como si la sangre y el poder fueran la misma cosa. Un murmullo recorrió la ciudad, apenas perceptible, pero cargado de amenaza: nadie podía confiar en nadie, y cada paso en las calles estrechas podía ser una trampa mortal. Esa noche, mientras la tormenta golpeaba con furia, alguien despertó fuerzas que habían estado dormidas durante generaciones. Alguien decidió que la historia de Arcos de la Frontera, y la de España entera, debía escribirse con violencia, traición y secreto. En ese instante, la ciudad dejó de ser un refugio para convertirse en un tablero de espionaje, asesinatos y manipulación. Y en medio de la oscuridad, un prisma azul latió, anunciando que los juegos de poder habían comenzado… y que aquellos que creían proteger la verdad, pronto descubrirían que la traición estaba más cerca de lo que imaginaban. El destino estaba sellado. La guerra, los secretos y la muerte aguardaban tras cada esquina. Y nadie, absolutamente nadie, estaba seguro

 

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